EL ‘Vook', con uve, es un nuevo ingenio que acaba de sacar al mercado un grupo editorial americano. Un híbrido entre libro y vídeo/cine. Sobrepasa en sofisticación al Kindle, cachivache electrónico con el que se pretende también sustituir al libro clásico. Dicen que el ‘Vook’ es un producto de la convergencia digital entre lo viejo y las nuevas tecnologías. Pero para mí que es un modo sofisticado de contaminar de ruido algo que era el paradigma de la silenciosa placidez: el libro
Para bien y para mal, la sociedad avanza de la mano de la ciencia y la tecnología. Y me temo que inventos como el ‘Vook’ sean otra vuelta de tuerca que nos va atornillando a esa sociedad teledirigida de la que nos advierte Sartori. Una sociedad de cretinos, que no piense, que no hable, que no elija, que no interprete. El mundo globalizado del consumo compulsivo, del crecimiento económico sin límites, necesita del rebaño. El homo videns, el hombre que ve pero no piensa, es depredador insaciable (nos lo advertía también el sociólogo florentino) que se está comiendo al homo sapiens. Acabaremos siendo un pedazo de carne con ojos. La literatura (la ficción creativa) no necesita de un complemento cinematográfico. No hace puñetera falta que nadie nos explique en imágenes lo que leemos. El ‘Vook’ aplicado a la ficción acabará matando la singularidad, la fascinación, el estímulo imaginativo que supone leer una novela o un relato de este tipo. Pero yo sé que el éxito del nuevo invento de la Simon & Schuster (así se llama la editorial americana) está asegurado entre los incontables papanatas que pueblan el mundo. Muy pronto veremos a sujetos, que en su vida han abierto un libro, exhibir su snobismo idiota con un ‘Vook’ bajo el brazo. El pijo hortera se extiende como una pandemia.
El ‘Vook’, con uve, es un paso más para destronar la palabra y reemplazarla por la imagen virtual. La cibernética tanto tiene de bueno en aplicaciones necesarias como de malo en destruir lo genuinamente humano que aún conserva la sociedad. El “gran interés” no descansa en su empeño de crear individuos que vean sin pensar, que vean sin entender, que vean sin imaginar; de sustituir la abstracción, con sus infinitas posibilidades, por la concreción limitada y fácil de controlar. Leer es muy peligroso, porque supone pensar, elegir, imaginar, interpretar, relacionar. Leer es quizá el acto más genuino de libertad que pueda experimentar el hombre. Y porque quizá sea el libro el último reducto de nuestra libertad amenazada, nada ni nadie tiene derecho a profanarlo.