El presidente Feijóo se ha ido de viaje dejando aquí en Galicia el lío de las cajas abierto sobre la mesa de operaciones. Pero lo hizo tras una embaucadora puesta en escena en la que, a primer vista, pudiera parecer que ha derrotado a Julio Gayoso y que la fusión de Caixa Galicia y Caixanova está más cerca o cuando menos no está más lejos, ni es un objetivo imposible. Como avanzó Xornal, Feijóo le dio una vuelta de tuerca a la presión que venía ejerciendo sobre Gayoso, a quien ahora condena a una nueva auditoría, lo cual es una señal evidente de que no se fía de las que hace Deloitte. Y no solo eso, el presidente reconoce así implícitamente que tampoco se contenta con los estudios de la propia Xunta. ¿Se imagina alguien que el Ministerio de Economía o el Banco de España recurriesen a una firma privada para justificar una decisión pública? ¿Una comunidad autónoma, que también es Estado, debe actuar así? Es más, ¿qué estarán pensando los de Deloitte al verse públicamente desautorizados, del mismo modo que Caixanova, cuyos análisis demuestran que la fusión no es viable? O visto de otra manera: ¿para qué precisa la Xunta recurrir a una auditora privada si los funcionarios y altos cargos públicos avalan que la fusión es viable, como ya anunció el propio presidente, ferviente defensor de la operación que propugna Caixa Galicia? ¿Acaso lo hace para derrotar técnicamente a Gayoso, tras su despliegue político y mediático? ¿O intuye algo raro?
Aquí hay cosas que no encajan, con independencia de lo que cada cual piense de la fusión. Veamos algunas de ellas:
- Si ahora Feijóo le pide a KPMG o a cualquier otra auditora amiga de la Xunta que le haga una auditoría –para él sinónimo de due diligence–, ¿vamos a creernos más su resultado que el de Deloitte? ¿O tiene Deloitte alguna chata personal? Y por cierto, por due diligence suele entenderse otra cosa distinta. Se trataría más bien de un proceso de investigación y análisis que tiene lugar ante la posibilidad de una inversión, y que sepamos, aquí no estamos ante ninguna inversión, sino ante una fusión de dos cajas, una de las cuales, dicho sea de paso, no quiere fusionarse.
- Si el Presidente de la Xunta tiene ya claro que quiere una fusión “equilibrada, igualitaria y paritaria” y sabe que ésta es “viable”, ¿a qué viene una nueva opinión por encargo? Lo que tendrá que ver Feijóo es si tiene competencias para imponer una fusión o, en su defecto, si puede crear las condiciones objetivas para que Caixanova entre en un callejón sin salida. Es decir, si puede doblegar a Gayoso o apartarlo de la presidencia de Caixanova, y a la vez vetar cualquier otra estrategia de la caja con sede en Vigo que no sea la fusión con Caixa Galicia. A estas alturas, la guerra entre Gayoso y Feijóo está desatada, y aún puede ir a más; sobre todo si desde el Partido Popular se dedican a tocar, uno a uno, a cada consejero de Caixanova, haciéndoles ver lo equivocados que están a su juicio.
- Tampoco encaja mucho toda esta parafernalia de vestir técnicamente el muñeco con ciertos movimientos políticos. Si Feijóo actúa así es porque ahora tiene el respaldo de Mariano Rajoy, que, al menos a corto plazo, habría dado marcha atrás en su conocida estrategia de ligar Caixa Galicia a Cajamadrid, operación que, curiosamente, sigue presente en las páginas de la prensa madrileña.
Si alguien empezó mal, quizá por inexperiencia política, pero ahora está que se sale es la conselleira Marta Fernández Currás. La nueva estrella del Gobierno de Feijóo se ha dado a respetar en el Banco de España, donde de momento están dejándole hacer, que no es poco. Y es que la tensión entre la Xunta y el Banco de España llegó a ser de alto voltaje, como también informó en exclusiva este periódico.
Marta Fernández Currás también fue la encargada ayer de intentar llevar al huerto a José Luis Pego, director general de Caixa nova, que acudió a una cita donde Gayoso prefirió no volver a encontrarse ni con ella ni con José Luis Méndez. Mientras, el por ahora silencioso líder de la primera caja gallega ve como su objetivo se pone a tiro, sin quemarse en ninguna batalla. Y a todo esto, nadie puede dudar de su lealtad a la estrategia de la Xunta, que a lo sumo le obliga a hacer más concesiones de las deseadas en aras de un fin común. Lo que sí parece descartado es que Gayoso se trague el anzuelo de la presidencia, también ya comentado aquí, por lo que si hay fusión y es paritaria surge la duda sobre quién sería el presidente. ¿Acaso Méndez con un director general de Caixanova? ¿O viceversa?
Si desde Génova los suyos no le molestan mucho, a Feijóo solo le preocupa lo que pueda hacer el PSOE, tanto desde Madrid como desde Galicia y, más en particular, desde Vigo. Pachi Vázquez ya se le ha desmarcado, sin romper nada –en contraste con la apasionada entrega de Guillerme Vázquez–, y Abel Caballero se contentará con que le dejen el camino despejado para renovar su cargo de alcalde. La romería que aún no empezó es la de las sedes, y ésa sí que será divertida.
Del mismo modo que Méndez, también permanece callado el alcalde socialista de A Coruña, Javier Losada. Incluso el portavoz del lobby coruñés, Santiago Rey, mandó rebajar la tensión que venía generando desde las páginas de La Voz de Galicia, un diario bien protegido en A Coruña que en Vigo suscita amplios recelos. La consigna de Feijóo fue clara: no hay que desatar tensión en Vigo. Y Feijóo sabía bien de que estaba hablando.
Ahora que se abre un período largo de reflexión, mientras los auditores hacen sus números y los políticos intrigan, el siguiente debate estará en la calle. Y para eso nada mejor que hablar de sedes, un melón que Feijóo no quiere abrir pero que, más tarde o más temprano, alguien abrirá. La solución salomónica de instalar una sede en Santiago puede levantar Vigo y A Coruña a un tiempo. La de fijar la sede en A Coruña causaría revuelo en Vigo, y viceversa, de ahí que como suele ser habitual en Galicia ya se haya hablado de varias sedes, con CXG en Vigo, una sede institucional en Santiago y la sede operativa en A Coruña. Un pronóstico: Caixa Galicia no será beligerante. Otra cosa será lo que hagan el alcalde Losada, que ya le ve las orejas al lobo, y algún componente del lobby.
En Vigo han reaccionado con pocas palabras, pero hay cabreo. En Caixanova se sienten sometidos a un criterio político que no respeta su libertad de elección financiera. Pero su silencio puede tener sentido: faltan meses por delante y sobrará tiempo para hablar. Quizá todavía es pronto para conocer todas las claves de lo que está pasando, no solo en las finanzas gallegas, sino también en la política y en algún medio de comunicación. La película de los auditores promete igualmente mucho, tanto por su coste y su despliegue, como por las sospechas que levantará en Vigo. En definitiva, que esto sigue estando entretenido y nos permite ir radiografiando cómo es en el fondo Galicia, un país profundamente complejo, donde esta vez también estamos observando extraños compañeros de cama. Pero esa parte de sexo, ya sería para mayores.