Jueves, 18 de marzo de 2010 - 0:59 h
O. Lescayllers
Escritor e xornalista
25-12-2009 16:29

Para el 2010, Obama ya no será nuestro profeta

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La obamanía ha durado poco, el genio salvador del mundo, comienza a diluirse como una vaso de tinta negra en un pomo de leche, es decir, ha pasado de lo blanco a lo oscuro, del día a la noche, del mito a la realidad en menos de un año de su elección como presidente de la primera potencia militar, guerrerista y “económica” del mundo.

Poco a poco, como por arte de magia, Barack Hussein Obama, ha ido desmontando todas sus promesas y convirtiéndolas en una especie de caldo demagógico y profunda frustración para todos aquellos que vieron en él a un hombre de paz, justicia y tolerancia: en síntesis, al transformador del mundo.

Sus actos, que en el fondo son los que valen, no pueden ser más preocupantes y peregrinos. Una cosa es el Obama orador y otra muy distinta por cierto, el Obama actor activo, a la hora de resolver los conflictos que pesan sobre la humanidad, en su mayoría generados por los propios Estados Unidos de Norteamérica, por más que quieran e intenten justificar que las víctimas son ellos.

Obama habla como un ángel, pero actúa como un demonio. Aún sigue cabalgando sobre el mismo potro salvaje y desquiciado que su antecesor George W. Bush. Desde luego, son jinetes distintos sobre el mismo caballo, el trote del bruto sigue siendo el mismo.

Obama no acaba de aclararse ni de convencer, ahora prácticamente a nadie, de cuales son sus verdaderas intensiones con aquel, “sí, podemos”. ¿Podemos qué, señor Obama? Porque una cosa es intentar justificar algo y otra muy distinta es que ese algo justificado tenga justificación. Usted sabe que hoy por hoy, ninguna guerra es justa, se justifica ni puede ser justificada. La de Afganistán es una guerra vengativa, donde no está en juego la paz ni la libertad de los norteamericanos, sino los intereses militaristas y económicos de EE.UU., que no es lo mismo ni se escribe igual.

Un buen comandante, señor Obama, no es el que gana guerras, sino el que evita llevar a su país y a sus soldados a una guerra. Su retórica, durante su campaña, nos parecía impecable, la de ahora la consideramos profundamente deplorable.

No olvide que a usted le dieron el Premio Nobel de la Paz, por lo que se traducía de sus intensiones pacifistas, que no por sus ideas militaristas de puño cerrado al frente de un ejército de mercenarios sangrientos, al cual le da lo mismo matar talibanes o ciudadanos indefensos, entre ellos, niños, mujeres y ancianos. Por lo visto en usted ha encarnado la misma paranoia de su antecesor George Bush.

Por qué y para qué, si usted sabe mejor que nadie que en los países de Nuestra América, lo que hay que combatir es el hambre, las enfermedades, el analfabetismo, la ignorancia, la corrupción y la depredación de las transnacionales, la multinacionales, el narcotráfico y a la oligarquía, usted pone oídos sordos y sigue plantando bases militares, en contubernio con los gobiernos títeres de la derecha, para seguir aumentando el clima de tensiones que se vive en la región. Ahí, aquella mano tendida que usted ofreció se le ha quedado manca.

¿Por qué no acaba de una vez por todas de desmantelar la Base Naval y centro de torturas de Guantánamo y se la devuelve a su verdadero dueño, el pueblo cubano?

¿Por qué no termina con el Embargo Económico, Comercial y Financiero que ustedes, los Estados Unidos de Norteamérica, en un acto de cobardía, soberbia y prepotencia, hace 50 años decretaron unilateralmente contra el archipiélago cubano?

¿Por qué, Comandante Obama, como buen jefe, no deja usted de inmiscuirse e inmiscuir a su nación, en los asuntos internos de otros Estados que no son para usted, ni para nadie, salvo que para ellos mismos, ni una amenaza, ni una competencia en ningún orden de la vida, todo los contrario, siendo respetuosos y tolerantes con ellos, el primer ganador sería su país y por extensión el mundo?

Vivimos bajo las presiones de las crisis mundiales: morales, climatológica, económica, política, social, militar, ética y de identidad; el mundo global se rompe con la envestida de los tsunamis generados por los falsos políticos y profetas salidos de las cloacas del poder, quienes, sin el más mínimo escrúpulo, avasallan a todo lo encuentran a su paso.

Sea usted el comandante de la cruza contra el hambre en el mundo, el Cambio Climática, la Crisis Económica Internacional, y el Nobel de la Paz, la justicia, la tolerancia, la libertad, el derecho y el respeto del hombre al hombre; no su verdugo.

Aún está a tiempo de enarbolar, con todos los hombres de buena voluntad que habitan este planeta y en pos de un mundo mejor aquel “Sí, se puede”. Por todos unidos PODEMOS, señor Obama.

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