2010, si la razón se impone frente a la torpeza, el chantaje, la prepotencia y la demagogia en la distintas bandas del triángulo, puede ser un año de grandes cambios para Cuba.
Europa, que en algunas ocasiones brilla con luz propia y, cuando le conviene pone música a su propia orquesta sin dejarse chantajear por los Estados Unidos, ahora le toca decidir libremente, sin hacerse cómplice de nadie, normalizar o no sus relaciones con el Archipiélago Cubano.
Ninguna razón le asiste a la Unión Europea ni a sus países miembros, para seguir oponiéndose al gobierno de la isla caribeña, salvo que no sea para mantener contento a un sector, el más reaccionario y antidemocrático por cierto, del Gobierno de los Estados Unidos.
El Embargo Económico, Comercial y Financiero a Cuba, decretado unilateralmente en 1962, por el gobierno del Presidente Demócrata John F. Kennedy, nunca ha logrado ni logrará su propósito. Ese embargo, en justicia, no es más que un acto vil y criminal contra un país pobre e indefenso, que como bien sabe el pueblo norteamericano no es una amenaza para nadie en ninguno de los órdenes de la vida.
La Unión Europea no tiene por qué convertirse en cómplice de una injusticia de tamaño calibre y, si lo hace, entonces su acción es tan inmoral, demagógica, criminal y antidemocrática, como la que ha mantenido la Casa Blanca y el Pentágono durante esto 48 años de Embargo contra el pueblo cubano.
Los que argumentan que hasta tanto en la isla no se respeten los derechos humanos, o hasta que no haya democracia no se moverán de sus peregrinas posturas, debían hacer lo mismo con regímenes, con los cuales, tanto la Unión Europea como los propios Estados Unidos de Norteamericana, mantienen unas excelentes relaciones, políticas, económicas, comerciales, militares y religiosas, sin que nunca hayan roto sus vínculos con esos países. Bastan nombrar algunos de ellos, y que cada cual saque sus conclusiones: Israel, Afganistán, Colombia, Chile, durante la tenebrosa dictadura de Pinochet, Corea del sur, China, o con el actual régimen de facto en Honduras y otros.
Estados Unidos, viola permanentemente todas las normas y leyes internacionales, defiende y aplica la pena de muerte, organiza golpes de Estados, invasiones mercenarias a otras naciones, no respeta el Cambio Climática, tortura salvajemente a seres humanos, ignora las resoluciones tomadas aprobadas con amplísima mayoría en las Naciones Unidas, se inmiscuye en los asuntos internos de otros Estados y pocos, muy pocos son capaces de criticarles o romper sus relaciones diplomáticas o de otras índoles con ellos.
¿Por qué entonces, en nombre del derecho, la democracia, la justicia, como clama algunos, hay que estar contra Cuba y no contra los verdaderos delincuentes del planeta?
Esperemos que la Presidencia Española de la Unión Europea que ocupará todo el primer semestre del 2010 tome buena nota y aplique en justicia y en derecho, la lógica y la moral y, de una vez por todas, le de paso a la razón y normalice para siempre las relaciones a todos los niveles con el Archipiélago Cubano.
Claro está, toda persona honrada, amante de la paz, la libertad, la democracia y el progreso, queremos que en Cuba se produzcan, sin contrapartidas, cambios significativos que traigan aparejados: desarrollo, bienestar, libertad y felicidad a nuestro país. Quienes se opongan a ellos, son tan títeres y rufianes como los propios Estados Unidos, que durante 48 años, instalados en la demagogia y la propaganda han intentado, sin conseguirlo, asfixiar y rendir, inmisericordemente a nuestro pueblo.
España puede y debe, en esta ocasión y también los estados Unidos y la Unión Europea, demostrar su verdadera vocación democrática, para que las presentes y futuras generaciones de cubanos, no vivan más, pagando una deuda que no deben. Y si alguien la debiera, que se la cobren personalmente y no en colectivo.