Agotada la mina de la Gripe A, esa vacuna mediática que eclipsó la epidemia del paro durante 2009, la ministra de la cosa se dispone a lanzar otra cortina de humo, y nunca mejor dicho, durante 2010: la ley antitabaco. ¡Año nuevo, cortina de humo nueva! Trinidad Jiménez es que puede parecer la responsable de la cartera de Sanidad, pero en realidad está llevando talmente la cartera de Defensa. La defensa del Gobierno, claro, ése ejército cautivo y desarmado que se bate en retirada ante la arrolladora ofensiva del desempleo. Se conoce que como no pueden ofrecernos trabajo, han decidido centrar su estrategia en ofrecernos eternidad, esa quimera que persigue la humanidad desde el principio de los tiempos.
Lo que pasa es que la eternidad por si misma, qué quieres que te diga. Si hay que estar se está, como diría Cruz y Raya. Pero es tontería con la media de pensiones que percibimos, con las ayudas a la dependencia que seguimos esperando, apuntados en las listas de espera de los Sergas, mientras se nos van erosionando las caderas, se nos forman en los ojos cataratas como del Niágara o se nos instala de okupa el dolor por las siglas de las siglas. La longevidad es un arma de doble filo que ha incluido Europa y sus estados miembros como santo grial del bienestar social. Y aprovechando que a Zapatero se le han subido los humos europeos, va la Trini y decide bajarnos los humos nacionales.
Claro que fumar mata, como nos advierten hasta la saciedad las autoridades sanitarias. Lo que ningún gobierno quiere asumir, en cambio, es que “vivir mata”, nos ha matado y nos matará por los siglos de los siglos. Ni los indiscretos scanner en los aeropuertos, ni los controles en las carreteras, ni las dichosas alarmas naranjas, ni las leyes antitabaco, van a conseguir que el ser humano nazca, se desarrolle y no acabe estirando la pata. También el desempleo “perjudica gravemente nuestra salud y la de los que están alrededor de los parados”, y no veo yo ninguna advertencia de las autoridades laborales. Pero las consultas médicas están llenas de desempleados y familiares que también son víctimas pasivas.
La ley antitabaco no deja de ser más humo de ése que ciega nuestros ojos, como en la vieja canción de The Platters: “smoke gets in your eyes”.