A veces se hacen promesas electorales sin criterio y de manera improvisada. La mala táctica de pescar votos en río revuelto. Núñez Feijóo no daba un chavo por el éxito de su campaña (recordemos que no la ganó él, que la perdieron los otros), y se apuntó a la “Galicia bilingüe” porque estimó que ahí había un caladero electoral. Cometió la ligereza de remover algo que estaba unánimemente pactado en la época Fraga. Esa ligereza le llevó al actual atolladero.
Cuando prometes sin meditar terminas en el camino de las ocurrencias. Y las ocurrencias constituyen el primer peldaño de las escaleras que llevan a la complicación y al absurdo. Es el caso del borrador de decreto sobre las lenguas en la enseñanza en Galicia.
Primera ocurrencia: tirar la piedra y esconder la mano. Haces una encuesta sin rigor científico, para que el resultado te dé argumentos para hacer lo que querías. Como no sabías bien lo que querías, lo conviertes en un borrador para que todo el mundo opine. Opinión bajo la amenaza de que, como tienes mayoría absoluta, vas a terminar haciendo oídos sordos a las opiniones. Todo el mundo considera (incluido tú) que el borrador ya es el decreto. Cuando comienzan las quejas y las opiniones contrarias, tú dices que no se alborote el personal, porque esto no es más que un borrador…
La segunda y más grave ocurrencia es la de equiparar, al margen de la Constitución, del Estatuto y del propio sentido común, las dos lenguas oficiales con el inglés u otras lenguas extranjeras. Hemos descubierto una imposible Galicia trilingüe: no tienes profesorado preparado para hacer lo que propones. Y practicas una forma de contrabando, porque el problema que has suscitado no era el de la enseñanza de lenguas en general, sino el de equiparación de las lenguas oficiales. Y descubres (no sé en qué idioma, por cierto) un sistema matemático tan novedoso que convierte la mitad en el 33%. Si la intención del autor del invento era potenciar más el gallego o potenciar más el castellano, le ha salido que lo que termina potenciando es el inglés. A costa de restar peso a las lenguas oficiales. Todo un galimatías.
Es curioso que, cuando quiere enmascarar o variar algo en la Enseñanza, el Partido Popular termina “trabajando para el inglés”. Le ocurrió en la Comunidad Valenciana con el fallido intento de enseñar Educación para la Ciudadanía en inglés, y ahora quiere repetir con más asignaturas: la tercera parte nada menos.
Pero queda un “más difícil todavía” en la carrera de las ocurrencias. Quizá el que ideó la tercera gran ocurrencia pensó que planteaba una medida inteligente, y planeó quitarse de en medio a la hora de las responsabilidades: que decidan los padres. Inventa el movimiento asambleario en la Enseñanza. Y reparte todas las papeletas para la rifa del caos. E introduce el malestar en los centros de enseñanza. Imaginemos que en ese movimiento asambleario hay un 51% que piensa que hay que dar Ciencias Sociales en Gallego, y un 49% que opina lo contrario: ya tenemos dividido el centro prácticamente a la mitad. Y así con el resto de las asignaturas. Y para completar el batiburrillo, en un centro se darán unas asignaturas en un idioma, y en el de al lado se darán en otro distinto. Y como somos, al menos, trilingües, la falta de concordancia entre centros se complica. Y los padres que se sientan en minoría, querrán trasladar a sus hijos a un centro donde se hagan las cosas como ellos quieren. Y no podrán. Y se incrementará el malestar.
Y como las ocurrencias no solo generan malestar, sino que inspiran ocurrencias, imaginemos que en un centro se pongan de acuerdo en que la Lengua Española, por ejemplo, o la Gallega, se impartan en inglés. Bueno, sé que el autor de esta ocurrente propuesta puede protestar diciendo que yo quiero que le coja el toro. No es así, aunque le va a coger con toda certeza, porque ha salido a torear de espontáneo. Y a los espontáneos, o los saca la autoridad competente, o les pilla el toro. Y en este caso, la autoridad competente es precisamente la que le ha hecho saltar al ruedo.
Este proyecto de Galicia trilingüe falsea la Constitución y el Estatuto, contradice el sentido común, genera el caos y –lo que es nefasto para el gobierno de Núñez Feijóo– concita la unanimidad de todo tipo de instituciones, organizaciones, partidos políticos, juristas y decenas de millares de ciudadanos, en un claro rechazo al proyecto. Y ha incitado a la convocatoria de una huelga general mayoritariamente secundada, que muy probablemente acabará con el proyecto y abrirá una brecha entre el gobierno de la Xunta y la sociedad. Para este viaje…