Viernes, 19 de marzo de 2010 - 11:16 h
Javier G. Méndez
Xornalista
28-01-2010 00:13

El oráculo de Davos

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Ya estamos otra vez montando el show de Davos, oye, la copia contemporánea del oráculo de Delfos, el lugar donde los Alpes se transforman durante unos días en el monte Parnaso, al que acuden algunos de los nuevos reyes de la era, los Sarkozy, los Zapatero, los Lula, para que los informes de las pitonisas les profeticen “qué hay de lo suyo”, que cada vez tiene menos que ver con lo que hay de lo nuestro. Obama, por ejemplo, va a mandar a un propio, a un asesor para que haga de cordero entre los lobos bancarios, esa “especie protegida”, decididos a mostrarle los colmillos a la Casa Blanca. La regulación financiera ha despertado los bajos instintos humanos que describió Hobbes, y los Botines genuinamente americanos acuden al Foro decididos a demostrarnos que el hombre es lobo para el hombre.

No hace falta, que va, trasladarse hasta la mítica “Montaña Mágica” de Thomas Mann para adivinar el oráculo entre líneas que surgirá del frío de Davos: un plan para intentar organizar el magnicidio del primer presidente negro de la historia USA. Sin sangre, si entierros en el cementerio de Arlington, sin llamas ardiendo toda la eternidad, como esas que acompañan a las seductoras cenizas de JFK. Sencillamente, enviándole al exilio de la historia con un incruento atentado electoral, de esos en los que no interviene ningún Oswald, no producen ningún “informe Warren” y no permiten a ningún Oliver Stone hacer una película.

Este Davos, el de este año, se ha convertido de nuevo en la sede de un sanatorio para tuberculosos. Economías tísicas de los países más desarrollados y los países emergentes, se concentran durante unos días a respirar el aire puro de los Alpes en busca de un diagnóstico y de una terapia de grupo.

Lo que pasa es que es un sanatorio de élites, de olimpos, de macroeconomías, como aquel que inspiró a Mann cuando fue a visitar a su mujer internada en esa localidad suiza donde ya olía a crisis y Primera Guerra Mundial.

Las otras tuberculosis, las microeconómicas, las de la gente corriente, hacen estragos, se contienen durante unos meses con subsidios de desempleo y están condenas a escuchar durante un largo periodo de tiempo funestos oráculos de Delfos. Los nuevos dioses y los viejos mortales están en pleno proceso de divorcio.

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