Por lo menos Suárez tuvo la humildad de leerse el ‘Samuelson’, aquel libro gordo de Petete para no iniciados en economía. Soportó estoicamente los chascarrillos de la España de papel periódico, del franquismo nostálgico y de la lengua hiperactiva de Alfonso Guerra, y acabó cediéndole los libros de contabilidad y las llaves de la caja fuerte a Enrique Fuentes Quintana, que tejió los hilos económicos de los celebrados Pactos de la Moncloa. En aquella España de la transición que se parecía tanto a esta de la recesión, con el paro por las nubes, el PIB por los suelos y la confianza internacional bajo mínimos, unió lo que la guerra civil y el franquismo habían separado: nacionalismo, socialdemocracia, comunismo, centro-derecha, sindicatos y empresarios.
Fueron tiempos en los que detrás de un gran hombre, de un presidente, había probablemente una gran mujer, pero resultaba imprescindible que hubiese un gran cerebro económico. Detrás de Felipe estuvieron Boyer y Solchaga, cuadrando las cuentas, mientras sus compañeros de partido podían permitirse el lujo de contarnos sus cuentos. Uno, abrió la jaula de nuestra economía paternalista y dejó que volase como un pájaro a través del libre mercado y la cosa, mientras el viento se llevaba Rumasa junto a la hojarasca del pasado. El otro, cogió por los cuernos los toros zainos de la reconversión industrial, de la presión fiscal y le dio un arriesgado pase de pecho a nuestra historia obsoleta.
Luego, el primer Solbes de los últimos gobiernos “filipinos”, justo es reconocer que puso las primeras piedras del milagro económico español que se le quiere atribuir en exclusiva a Rodrigo Rato, el Lancelot del Camelot económico de Aznar. Solbes inició el despegue español, Rato nos permitió aterrizar en la Europa de Maastricht y sólo la crisis nos ha hecho comprobar lo dura que puede ser la caída.
Treinta y tres años después, estamos en el punto de partida, como diría Rocío Jurado. Mientras ZP reza junto a Obama, los españoles rezamos para que se produzca el milagro de otros pactos de La Moncloa, con sus correspondientes pactos de Monte Píos.