Y entonces, cuando España estaba sumida en un profundo síndrome de abstinencia gubernamental, con sus ministros y ministras en caída libre, como la Bolsa, con su presidente cediendo el maillot amarillo a Rosa Díez, la nueva líder del CIS, se nos apareció Pepe Blanco en la caja tonta y nos suministró un chute de sentido común, de rigor, de coraje ministerial, directamente inyectado en esa vena tecnológica a la que llamamos TDT.
Que levante la mano cualquier español al que no le haya dado un subidón con el decreto del señor ministro, galego coma nós, que ha obligado a los controladores aéreos a poner los pies en la tierra. Eso es gobernar, por si alguien se estaba olvidando del significado de un verbo en desuso.
Cierto es, señores del jurado, que practicar el tiro al blanco con unos señores que tienen los salarios por las nubes, puede parecer un juego de niños en un país donde la envidia es el deporte nacional. Pero este pueblo también padece ataques repentinos de amnesia, oye. Muchos de los que ahora le ponen velas a San Pepe, pueden acabar haciéndole vudú en Semana Santa, si Barajas se convierte en un campo de batalla y se producen daños colaterales.
Gobernar es eso y todo lo contrario. Hacer ajustes a la baja por arriba y ajustes al alza por abajo. Reducir salarios de los que van sobrados y mantener por lo menos pensiones y subsidios de los que van de culo. Los 80 millones de jubilación de Francisco González, por ejemplo, serán un derecho adquirido, pero resultan una obscenidad en estos tiempos de cólera económica. Permitir que la SGAE campe por sus respetos, como una Agencia Tributaria paralela inexorable, será legal, pero pasará a la historia como una inmoralidad consentida.
El libre albedrío bancario, su terrorismo crediticio y el entramado de comisiones, con nocturnidad y alevosía, son un desafío al gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Y de las primas a los jugadores de fútbol, ya ni te hablo, aunque dejen en evidencia al Ministerio de Hacienda (que sabe a quién puede tocarle las pelotas) y a la filosofía socialdemócrata.
Pero bueno, a lo que íbamos. Que por una vez, y ojalá sirva de precedente, un ministro de ZP ha dado en el blanco. Por lo menos hay alguno que, además de cartera, tiene puntería.