No era la opción de Pellegrini. El chileno quería a Cazorla o, en su defecto, que se quedara Sneijder. Valdano propuso a Silva. Pero el derroche económico que habían supuesto las incorporaciones de Cristiano Ronaldo y de Kaká acabó por llevar el recorte al bolsillo de Florentino y el club se decantó por la opción más rentable, la repesca de Esteban Granero.
Por el módico precio de cuatro millones de euros El Pirata volvía a casa. Y volvía renunciando a parte de la cuantiosa ficha que cobraba en el Getafe. No le importó mucho. “Jugar en el Madrid es un sueño y no hay problema en renunciar a parte de mi sueldo. El dinero no lo es todo en la vida”. Por ese tipo de reflexiones también lo valora el presidente. Además, Florentino está convencido de que Granero es el sucesor de Casillas, el modelo ideal de canterano insertado.
Su irrupción en el centro del campo del Real Madrid ha supuesto un soplo de aire fresco para Pellegrini gracias a su buen rendimiento. Tanto en Riazor como el sábado ante el Espanyol, a Granero, junto con Xabi y Guti, se le vio cómodo organizando y resolviendo el juego del equipo.
Se mueve por todas las líneas a modo de intrépido pirata, como así le llaman cariñosamente. El apodo viene de sus tiempos en el Castilla, el filial blanco, cuando su estilo descarado e irreverente predecía lo mejor. Con su barba y su pelo revuelto sujeto con una cinta mal puesta, a alguien se le ocurrió llamarle El Pirata. Nunca le molestó el mote, al contrario, le encanta y así, cada vez que marca un gol, se tapa un ojo simulando el parche que llevan los corsarios.
Granero aborda cada oportunidad con la pasión y ambición de un ganador en busca del más preciado tesoro, la titularidad. “Los canteranos no deberíamos aspirar solo a alcanzar el primer equipo y sentirnos satisfechos con estar en el banquillo. Deberíamos ser más ambiciosos”, dijo Granero en alguna ocasión, consciente de lo complicado que es conseguirla y sabedor de que uno no se convierte en titular de la noche a la mañana. Pero él lo tiene claro, su objetivo es jugar cada partido de inicio. De momento ya se ha ganado al Bernabeu que pide a gritos su presencia en el campo desde el pitido inicial, bueno, realmente ya se lo había ganado al principio de temporada.
Llegó con ocho años al Madrid y en benjamines batió récords con 83 goles marcados, aunque, dentro de su habitual modestia, Granero recuerda aquella puntería como consecuencia de su altura que le permitía tirar desde más lejos y más fuerte que los demás. Es por eso que no cree que se haya perdido un gran delantero.
Ramón Martínez, director de la cantera en la época en que Granero empezó a jugar en los equipos importantes de las divisiones inferiores del Madrid, recuerda los comienzos del chico con asombro: “Siempre estuvo convencido de que llegaría al primer equipo. Destacó por ser fuerte y completo. Por buscar el contacto con el balón los 90 minutos, por su buena técnica y buen disparo. Como tenía condiciones, y además estaba obsesionado con jugar en el primer equipo, al final lo ha conseguido”.
El que fue su técnico en el Castilla y en el Getafe, Míchel, habla de él con admiración: “Si le das libertad, es la clase de jugador que sabe asumir sus responsabilidades y dar soluciones al equipo allí donde se necesitan”.
Son solo dos ejemplos entre cientos. Y es que Granero es el futbolista nacional que más elogios recibe últimamente. Por supuesto, otro de sus objetivos es que en esa lista de alabanzas aparezcan las de Vicente del Bosque. El Pirata quiere vestir La Roja, pero no tiene prisa, como buen estudiante de Psicología, el futuro doctor sabe que no hay que tener prisa, que con trabajo todo llega.