Miedo me da pensar que la enferma y costrosa economía española está ya en fase terminal, pero no encuentro motivo más consecuente para vincular la oración laica de Zapatero ante el dios americano al otro lado del Atlántico el mismísimo día en que la Bolsa se desmayó ante el pánico de los inversores. Mientras el Ibex se suicidaba por miedo a que España no sea capaz de afrontar su deuda, el presidente, acompañado del matrimonio Obama y ayudado por el Deuteronomio bíblico, pontificaba: “No explotarás al jornalero pobre y necesitado... Págale su jornal ese mismo día, antes de que se ponga el sol, porque su vida depende de ese jornal”.
Bellas palabras aunque quien las diga vaya luego a negociar las reformas laborales con un presidente de la patronal que dejó sin pan, y hasta sin peces, de un día para otro y con acciones poco claras, a decenas de jornaleros. Una más de las sinrazones de esta crisis.
Zapatero no es Bono ni Paco Vázquez, no tiene esa afección católico apostólica, o al menos no lo alardea públicamente; ni es Aznar, que por una foto con el presidente yanki entró alegremente en Irak; y por eso inquieta especialmente que el presidente rojo cruce el charco para encomendar a dios su espíritu y el de los parados, y ya de paso también el de los homosexuales e inmigrantes, colectivos todos ellos que además de reformas laborales y legales se ve que necesitan de un apoyo extra más espiritual.
Bien apañados debemos de estar si al divino hay que recurrir, y más si se tiene en cuenta que, si a alguien no va a refrendar, ese es Zapatero, que en este país los beneficios de los rezos me da a mí que están copados por los conservadores a base de acudir a manifestaciones en contra del aborto, del matrimonio gay y de las familias extrañas que no se ajusten al estereotipo de ‘papimamihijitosyperro’.
Pero bien es verdad que todas las ayudas son pocas para el presidente ante la enorme dificultad de llevar sobre sus espaldas a más de cuatro millones de parados y todos los debates abiertos sobre la reforma de las pensiones, del sistema de la Seguridad Social y del mercado de trabajo. Las medidas anunciadas, que no son soluciones sino propuestas, las rectificaciones, su liderato puesto en duda, voces pidiendo un adelanto electoral... Y por su fuera poco, a Rosa Díez pasándole por la banda y a Rajoy respirando, eso dice él, aunque lo extiende a los pulmones de todos los españoles, “aires de cambio político”. Lo único claro es que si sale de ésta habrá que empezar a creer en algo superior, porque, como se dice vulgarmente, ahora no lo salva ni la caridad.