Algunos compañeros son intratables, están desfasados y no hay forma de que se pongan al día y actualicen su conocimiento de la realidad. Estoy todavía traumatizado por la bronca que me echó en plena calle mi amigo Ceferino Boullón, un sindicalista de toda la vida.
Nada más preguntarle cómo veía él la reforma del “mercado laboral” explotó como si le hubieran mentado el diablo a un beato. Me obsequió con una conferencia de diez minutos en la cual absurdamente me señalaba a mi entre los que tienen el poder de cambiar algunas cosas… Lo malo es que lo hizo delante de un grupo de viandantes que se acercó a nosotros nada más empezar su disertación mientras me reprendía con su dedo acusador delante de todos…
“La izquierda está llena de gente como tú, –decía a gritos– solo pensáis y habláis en el lenguaje de la derechona y sois la ruina y el desconcierto de los trabajadores. Habláis del mercado laboral como “el mercado de los trabajadores,” y olvidáis que los mercados solo sirven para comprar a los mejores precios y vender con las máximas ganancias, incluso el trabajo de los seres humanos. Aceptáis términos como: moderación salarial, desregulación y flexibilidad, para construir ¡un mundo más justo! Aún no habéis entendido que ese “otro mundo posible” no os lo permitirán concretar por las buenas si va contra los intereses de los poderosos”. (El público presente empezó entonces a participar activamente, con frases como: “¡Así se habla, carallo!”).
“Habláis de moderar salarios pero nunca os he oído decir que lo que hay que moderar y controlar son las ganancias de muchos de los que obtienen las riquezas de cualquier manera. Y ejemplos recientes los hay”. (Aplausos… ¡si, así es…!).
“Además, creéis a los economistas que sostienen que la moderación salarial dará lugar a más puestos de trabajo. Si así fuera, el paro y el desempleo habrían desaparecido de España hace años ya…”. (¡Eso está claro!).
“Y mientras casi os cuela la derecha europea un aumento de la jornada, vuestra solución compensatoria es aumentar la edad de la jubilación”. (¡Si señor, así es!).
“No se habla de reducir la jornada para que puedan trabajar más personas, y para que pueda darse la “conciliación familiar. Teníais que impedir el pluriempleo en un tiempo en el que hay millones de personas sin trabajo”. (¡Con dos c… gritaba un grupo cada vez más numeroso y agresivo…!). “Deberíais controlar a las empresas y empresarios, que contratan fraudulentamente, que no cumplen con los salarios, con los horarios, o que despiden sin necesidad a sus trabajadores y encima amenazan y exigen permanentemente ayudas públicas. Hoy lo prioritario es detener la destrucción de empleo, y no reducir los costes del despido”. (¡Bien dicho!).
“Tendríais que regular sin complejos y con impuestos progresivos los ingresos, las ganancias y el patrimonio acumulado de muchos empresarios y altos ejecutivos. No porque sean muchos sino porque una política de izquierdas exige de principios éticos que la hagan creíble y la diferencien de una derecha insaciable”. (¡Les faltan h...!).
“En un Estado social respetable y digno, los fuertes ayudan a los débiles y eso solo puede conseguirse a través de la “caja social” y no desde fórmulas privadas que atienden solo los intereses económicos de nuestra derechona y sus lacayos”.
De repente, Ceferino hizo un grosero corte de mangas y se marchó calle abajo mientras el grupo de ciudadanos que se habían arremolinado a escuchar su discurso empezaron a zarandearme…
Boullón cree en la política con principios, en la riqueza con trabajo, en los negocios con moral, en la ciencia con humanidad y en la religión con sacrificio. Desde que leyó a Gandhi se volvió curiosamente muy peligroso.